Cocinar como forma de extrañar a México.
Hay algo muy extraño que pasa cuando vives fuera de México:
dejas de extrañar el país de formas grandes…
y empiezas a extrañarlo de formas absurdamente específicas.
No extrañas “México” en general.
Extrañas:
el olor de la tortilla caliente
el sonido del aceite cuando alguien hace salsa
el limón al lado del plato
el arroz rojo de tu casa (que claramente sabía mejor que cualquier otro arroz rojo del planeta)
Y de pronto, sin darte cuenta, cocinar se convierte en una forma de regresar, porque la comida guarda recuerdos.
La comida mexicana tiene algo muy emocional. No solo porque sabe bien, sino porque casi siempre está conectada a alguien:
una mamá cocinando casi todo el día
una abuelita sirviendo demasiado
una fiesta familiar
una sobremesa eterna
un puesto de tacos a las 2 de la mañana
Por eso cuando cocinas algo mexicano lejos de casa, no preparas solo comida. Preparas memoria.
El cerebro es muy tramposo con los olores y a veces basta algo mínimo:
cebolla friéndose
cilantro recién picado
tortillas calentándose
Y boom... Tu cerebro abre una carpeta emocional completa que no pediste revisar.
De repente extrañas:
a tu familia
tu barrio
el ruido
el caos
hasta el tráfico
Todo gracias a un pequeño recuerdo... Qué mecanismo tan raro y tan hermoso.
Cocinar fuera de México también significa improvisar y aquí entra la parte emocionalmente humilde.
Porque vivir fuera implica aceptar cosas difíciles:
las tortillas no siempre son tortillas
el chile cuesta como artículo de lujo
y el aguacate te juzga financieramente
Entonces uno improvisa:
wraps disfrazados de tacos
guindilla pretendiendo ser chile
quesos “que más o menos funcionan”
Y aun así… algo pasa.
Aunque no sepa EXACTAMENTE igual, el cuerpo reconoce la intención.
Cocinar también calma la nostalgia.
Hay días donde cocinar mexicano no es antojo. Es terapia barata.
Picar cebolla.
Hacer salsa.
Probar el guiso.
Escuchar cómo suena una tortilla en el sartén.
Son rituales pequeños que hacen sentir que el hogar todavía existe, aunque esté lejos.
Como si por una hora la cocina se volviera territorio mexicano.
Y sí, a veces uno se pone sentimental por un frijol y eso es lo más ridículo de todo.
Uno puede estar perfectamente normal… y de repente prueba una salsa que sabe “casi igual” y piensa:
“uff… extraño muchísimo mi casa”
Todo muy dramático para alguien sosteniendo un taco improvisado con ingredientes del Carrefour.
❤️ Conclusión
Cocinar comida mexicana fuera de México no siempre es cocinar por hambre.
A veces es:
mantener recuerdos vivos
sentir cercanía
reconstruir hogar con lo que encuentras en el súper
